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San Juan de los Lagos, en la región de Los Altos de Jalisco, el domingo 2 de noviembre de 1919, durante la fiesta del Día de Muertos, nace Ramiro Romo Estrada, hijo de María de la Luz Estrada de Anda y Manuel Romo de Alba.

Ramiro, tercer hijo de nueve hermanos, niño curioso, inquieto y observador de todo aquello que sucedía en su etapa infantil, siempre mostró gusto por la naturaleza, contemplar las plantas, los paisajes, los animales, las personas, y todo aquello que fuera motivo de ser dibujado o iluminado, con el único propósito de divertirse y dejarlo plasmado en un papel.

Con motivo del traslado de la familia Romo Estrada a la Ciudad de Guadalajara, Ramiro ingresa y concluye la primaria en el colegio de maristas. Posteriormente se integra a la secundaria, concretamente al Instituto de Ciencias de Guadalajara, dirigido por jesuitas que sólo lograban obtener avances del joven Ramiro en las materias de dibujo y canto, a diferencia de las materias académicas.

Una de tantas veces en que Ramiro fue retirado del salón por falta de interés en las diferentes clases, el director del instituto le vio y llevó a su oficina para preguntarle:

- ¿Dime Ramiro, qué es lo que te pasa? ¿Por qué no respondes al compromiso de estudiar?

Ramiro, entre nervioso y culpable, pero internamente seguro de sí mismo, le contestó:

- Pues es que a mí, lo que realmente me gusta, es dibujar, no aprender reglas y condiciones de la gramática y la aritmética.

En ese momento, el director del instituto comprendió que el comportamiento del intranquilo joven se debía a que su vocación era diferente, que no necesariamente tenía que ser un estudioso de los números y las letras; por lo tanto, el superior lo envió con el coadjutor del Instituto - quien sabía dibujar- para que le enseñara las bases y principios del dibujo.

 
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